lunes, 22 de febrero de 2010

Porque los quiero siempre

Es tan raro escribir sobre Chile para mí. Los prejuicios históricos y culturales hicieron carne también en mí. Argentina desde antes de la época de las Malvinas y cruceña desde después del Litoral boliviano.
Yo encontré en Chile lo que no encontré en muchas partes.
Y lo digo sin remilgos, a pesar de esa aparente falta de identidad celebrando el pisco, su selección de fútbol, la mirada al resto del mundo como si supiéramos de ellos... Chile es más que una economía saneada y un pueblo hastiado de dictadura y de crisis.
Chile tiene personas que son personajes. Don Elías, la Pao, doña Juanita, sus nietos e hijos, don Polo y su sapiencia sobre todo y también sobre sus raíces, la Tuca y su intensa vida en dictadura y en democracia, los Jaramillo Pedro y Guillermo, las tocatas de Toti y su banda de jóvenes universales, la Patty y su recatada forma de rebelarse, la Nery y su estupenda forma de ver el mundo, el Ricardo y su sueño del café con tertulia, la Betty y su implacable alegría de ir para adelante.
Aprendí mucho de Chile, a través de ellos. Supe que no son la isla del filósofo y son mucho más que Neruda, Mistral y Pinochet. Que su sur es tan hermoso que debo descubrirlo como sueño hacerlo con la Patagonia argentina.
Esta familia de gente querendona y antigua en sus afectos es, seguramente como tantas otras que desconozco, la mejor carta de presentación de un país que los latinoamericanos vemos como ajeno. Quizá porque nos duele Allende, o los mapuches, o su tonada chillona y sus aires de aspirantes desconocidos a primer mundo robotizado.
Nos falta más Chile en Latinoamérica. Y a Chile le falta más Latinoamérica en el camino.
Celebro haber compartido tanta familiaridad y afecto con ellos.

lunes, 18 de enero de 2010

El oficio más viejo del mundo

Nacer, crecer, reproducirse y morir, salvo contra natura, va más allá de nuestro entendimiento y posibilidad. La humanidad se ha empecinado en modificar o alterar el ciclo para complicarnos y mantenernos preocupados de lo que no es.
Cuando Dios hizo al hombre y la mujer, les dio como único oficio amar, distinguiéndolos de toda la naturaleza con esa capacidad. Lo demás es historia posterior, ya de la mano de las tentaciones y demás elucubraciones del cerebro humano.
Discrepo con García Márquez acerca de su popularizada afirmación de que el mejor oficio del mundo sea el periodismo y, más aún, con la más popular aseveración -desconozco su autoría- de que la prostitución sea el más viejo.
Hoy he descubierto que el más antiguo y el mejor oficio del ser humano es amar:
amarse a sí mismo, amar al alma gemela, amar a los padres y a los hijos, amar a los hermanos y al prójimo, amar lo que se hace y lo que se piensa, amar desnudamente y sin temor.
Y hoy, después de 46 años, encontré la razón de mi paso por el mundo y la respuesta a los inconformismos, a mi rebeldía, a mis disgresiones, a la búsqueda incesante que aquiete mi espíritu.
Todo lo demás es producto del sistema para encasillarnos en la intrascendencia o en el poder del mal y sus múltiples formas de dominación sobre el único oficio que no reditúa bienes materiales y que da paz interior, aquella que hace libre al ser humano.
Nací para amar y declaro que ése es mi oficio auténtico y total, en el que soy yo a plenitud, en el que la vida cobra vida cada mañana con el sol.